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La operación militar de Moscú en territorio ucraniano ha significado el final de una era, sostiene el politólogo Fiódor Lukiánov.

La operación militar especial de Rusia en el territorio de Ucrania «ha significado el final de una época en el estado de los asuntos globales», opina Fiódor Lukiánov, editor en jefe de la revista Russia in Global Affairs (Rusia en los Asuntos Globales), presidente del Consejo ruso para la Política Exterior y de Defensa y director científico del Club Internacional de Debates Valdái.

El politólogo anticipa que, aunque el impacto de la operación «se sentirá en los años venideros», Moscú ya «se ha posicionado a sí misma para ‘convertirse en un agente de cambio cardinal del mundo entero'».

Las acciones emprendidas por las Fuerzas Armadas rusas «marcan el final de una era» que «comenzó con la caída de la Unión Soviética y su disolución en 1991, cuando una estructura bipolar bastante estable fue derrocada por lo que finalmente llegó a ser conocido como el ‘orden mundial liberal‘», sostiene el experto». «Esto allanó el camino para que EE.UU. y sus aliados jugaran un papel dominante en la política internacional centrada alrededor de una ideología universalista«, argumenta.

Lukiánov también señala que «la crisis se ha manifestado hace mucho tiempo, aunque no había resistencia importante por parte de las grandes potencias que quedaron insatisfechas con su posición en el nuevo campo de juego político». Así, durante al menos una década y media, «prácticamente no hubo ninguna oposición en absoluto».

Nuevo campo de juego global

De acuerdo al especialista, las naciones que no forman parte del bloque occidental, principalmente Rusia y China, buscaron «integrarse en la jerarquía». Sin embargo, mientras Pekín no solo logró ese objetivo, sino que también supo establecerse como «un jugador dominante», Moscú «salió mucho peor y tardó más en ajustarse a este nuevo orden mundial y cementar un lugar respetable en sus filas».

Lo que pasó después es que ese nuevo orden «resultó ser tanto inflexible como inestable» ya que «excluyó cualquier equilibrio de poder» y, lo que es más importante, «no permitió un nivel suficiente de diversidad cultural y política», algo «inherentemente esencial para el funcionamiento sustentable del mundo». Esto hizo que «una cosmovisión uniforme, que excluyó todas las demás, fue impuesta a través del uso de varios medios, incluyendo las actitudes hacia la actividad militar».

En ese contexto, «la operación rusa es unaimagen espejada de lo que EE.UU. y sus aliados han hecho más de una vez en las décadas recientes en diferentes partes del mundo».

Tal y como hizo, según una leyenda, el emperador ruso Pedro el Grande cuando brindó por sus «maestros suecos» tras la batalla de Poltava en 1709, Lukiánov cree que quienes están al mando de la Rusia actual «también pueden decir que han aprendido un montón de Occidente».

Y es que, en su opinión, es fácil identificar en las acciones militares rusas en Ucrania «elementos, desde militares hasta informativos, que estuvieron presentes en las campañas de EE.UU. y la OTAN contra Yugoslavia, Irak y Libia». Ahora, luego de que «las tensiones estuvieran en ebullición durante largo tiempo, Ucrania se ha convertido en la línea del frente decisiva».

Una colisión de enfoques

Sin embargo, el experto sostiene que «esta no es una batalla ideológica como la que se presenció en la segunda mitad del siglo XX» ya que en este momento «la hegemonía global está siendo desafiada en favor de un modelo mucho más distribuido«.

De esta manera, «el viejo concepto de la Guerra Fría sobre ‘esferas de influencia’ ya no es aplicable porque el mundo se ha vuelto mucho más transparente e interconectado, haciendo que el aislamiento solo sea posible hasta un nivel limitado».

Lukiánov indica que «tal y como ha ocurrido con frecuencia en el pasado, la lucha actual está siendo librada por un territorio estratégicamente importante» y, en la situación actual, «han colisionado dos enfoques diferentes».

«Por un lado, está el clásico ejercicio de poder duro, el cual se guía por principios simples, ásperos, pero claramente comprensibles: sangre y tierra«, explica. «Mientras tanto, por el otro, se encuentra un método más moderno de propagar intereses e influencia, realizados a través de un set de herramientas ideológicas, comunicativas y económicas, las cuales son efectivas y al mismo tiempo maleables, conocidas comúnmente como ‘valores‘», añade.

Ese segundo método, conocido también como «guerra híbrida» se ha convertido, según Lukiánov, en el más recurrente, por lejos. Y casi sin excepción, este método «jamás fue recibido con una resistencia seria, sin mencionar una confrontación armada».

Las consecuencias del choque

Por todo ello, el conflicto actual en Ucrania «es la prueba decisiva que mostrará cuál de estos enfoques se impondrá». Y por supuesto, quienes «sospechan que las consecuencias podrían ser en gran medida más profundas de lo que habían pensado, tienen razón». De la misma manera, la cúpula de poder rusa, «que se ha decidido a dar pasos extremadamente drásticos, probablemente comprendió las consecuencias o incluso aspira a ellas conscientemente», deduce el politólogo.

Con ello, «se ha dado vuelta la página de la cooperación con Occidente«, y si bien esto «no significa que el aislacionismo se convertirá en norma, pero sí marca el final de un importante capítulo histórico en las relaciones políticas. La nueva Guerra Fría no terminará rápidamente», intuye Lukiánov.

Agente de cambio

El especialista prevé que «al cabo de un tiempo, los efectos que la operación militar actual han causado, con toda probabilidad, comenzarán a disminuir y se reanudará alguna forma de interacción, pero la línea ha sido trazada inevitablemente».

«Incluso en un escenario favorable, pasarán años hasta que las sanciones sean levantadas y los vínculos se restablezcan de manera gradual y selectiva». Al tiempo que, «para reestructurar las prioridades económicas, se requerirá un enfoque diferente, el cual estimulará el desarrollo en algunos aspectos y se desacelerará en otros».

«La parte más activa de la sociedad rusa tendrá que darse cuenta de que viejo estilo de vida ya no existe. La ‘fuerte Rusia’ ha decidido poner a prueba su fuerza y al mismo tiempo se ha convertido en un agente de cambio cardinal en el mundo entero», concluye Lukiánov.